05 de abril 2025, 16:36hs
Carmen Palomino
Todo comenzó con una aguja, un ovillo y el deseo de hacer algo distinto. En 2018, Sandra quiso sorprender a su sobrinita con un regalo único: su primer amigurumi. Ese gesto, que parecía algo puntual, fue el inicio de un recorrido que hoy la encuentra inmersa en un mundo donde el tejido artesanal se convierte en emoción pura.
En entrevista con BrokStudio, Sandra recuerda cómo nació esta pasión:
“Aprendí a tejer cuando era muy chica, gracias a mi abuela. Luego, mi mamá también me fue enseñando distintas técnicas. Durante años hice suéters, bolsos, bufandas… pero cuando probé hacer un amigurumi, todo cambió. Sentí que había encontrado algo mágico, diferente”.
Al año siguiente, en 2019, decidió abrir una cuenta en redes sociales para compartir sus creaciones. Así comenzó @handmadebylilis, el camino emprendedor, lleno de aprendizajes, desafíos y satisfacciones.
“No todos valoran el trabajo artesanal desde el comienzo. Pero con el tiempo entendí que el cliente ideal siempre llega. Cuando alguien conoce el trabajo que hacés y lo valora, no te cambia por nada”, afirma.
Gran parte del crecimiento de su emprendimiento vino de la mano de las recomendaciones. El boca a boca fue clave, al igual que el apoyo constante de su madre, con quien llegó a atender muchos pedidos. Hoy, aunque viven en países distintos —su mamá está en Italia—, siguen compartiendo la misma pasión por el tejido.
Además de realizar pedidos personalizados, Sandra también brinda clases. “Me lo pidieron tantas veces que decidí animarme. Y fue hermoso. Se armaron grupos muy lindos, donde puedo transmitir todo lo que aprendí con los años”, cuenta con una sonrisa.