19 de febrero 2026, 17:36hs
Fernando Broca
Antonia Mabel Díaz tiene 43 años y una convicción clara: el masaje no es un lujo, es salud. Es masajista terapéutica profesional matriculada, miembro fundador de la Asociación Masajes Latinos y actualmente estudia masoterapia en la Universidad Thompson de México. Desde su espacio “Amadi”, trabaja con una mirada integral que combina lo muscular con la contención emocional.
Su camino en la profesión comenzó mucho antes de dedicarse formalmente a ella. “Tenía 12 o 13 años cuando conocí a un masajista extraordinario, Don Uribe, que atendía en su casa en Comodoro. Ver cómo trabajaba, la gente que lo buscaba y la magia que generaba fue lo que despertó en mí esta pasión”, recuerda.
Si bien durante años se dedicó a la repostería y al catering, nunca dejó de lado el deseo de ayudar a aliviar el dolor de las personas. “Siempre quise ser masajista y también psicóloga. De alguna manera hoy siento que pude complementar esas dos cosas, porque esta profesión también implica escucha y contención”, afirma.
Logros y formación constante
En junio de 2025 obtuvo el primer puesto y medalla de oro en la categoría principiante terapéutico en una competencia latinoamericana de masajistas. Anteriormente había participado en Mar del Plata, donde quedó entre los diez mejores.
“Es un orgullo enorme. Pero también es un desafío constante. No podés quedarte con un solo curso. El cuerpo es maravilloso y necesita ser comprendido y tratado con respeto”, sostiene.
En septiembre participará de un campeonato y congreso en Santiago del Estero, mientras continúa capacitándose y ampliando su experiencia profesional.
El masaje como herramienta de bienestar
Para Díaz, el impacto del masaje va mucho más allá de lo muscular. “Estamos subestimados. Se cree que ir al masajista es un lujo, pero un masaje al mes ayudaría muchísimo. No solo mejora el dolor físico, también relaja, ordena pensamientos y ayuda a liberar emociones”, explica. En su experiencia, muchas veces las contracturas tienen un origen emocional. “Me ha pasado que pacientes comienzan a llorar durante una sesión. Ahí es donde también somos contención. El cuerpo habla lo que las emociones callan”.
Sueños y vocación
Su mayor deseo es seguir ejerciendo y perfeccionándose. “Quiero ser reconocida como una buena masajista, pero siento que recién empiezo. Falta mucho camino y lo importante es seguir capacitándome para brindar el mejor servicio posible”.
Un mensaje para la comunidad
Antonia insiste en la prevención: “No esperen a que el dolor sea insoportable. Háganse chequeos médicos anuales y regálense un masaje. Es una forma de mantener el cuerpo equilibrado y sano. No se dejen estar”.
Desde “Amadi”, su apuesta es clara: sanar con las manos, pero también con la escucha.